¿Hablamos todos el mismo idioma?

Lo que no se comprende

Hace unos días recibí un certificado urgente del juzgado. Incomprensible. No entendí palabra, pese a que tengo dos títulos universitarios y varios premios literarios en mi haber. Hube de personarme en las dependencias para que me lo descifraran. Incomprensible me resultó el desorden de expedientes, legajos, folios y carpetas acumulados en mesas, sillas, estantes e incluso suelo. Tan incomprensible como el texto del auto judicial, o como la existencia de notarios y registradores de la propiedad (funcionarios con derecho a cobrar arancel, teóricamente antidemocráticos) o la de los procuradores (intermediarios impuestos y la mayoría de las veces innecesarios, pero caros, eso sí).

Incomprensible que haya tenido que morir una niña a manos de un pederasta sentenciado pero no convicto para que nos enteremos de que solo en Madrid hay 3.000 sentenciados no convictos y que nuestros juzgados tienen 35.000 sentencias pendientes.

Quizá el Consejo General del Poder Judicial prefiere enfrascarse en luchas corporativas y de partido antes que organizar los juzgados y establecer protocolos de actuación para avisar de los incumplimientos o de las actuaciones a realizar. Quizá todo este caos judicial no sea una cuestión de falta de medios, sino de la desidia y la inoperancia del órgano de gobierno de los propios jueces, de una situación que lleva durando más de 30 años... y que también me resulta incomprensible.

Lucía Etxebarría


Publicado en el diario ADN el 21 de Abril de 2008