Accidente laboral

Resbalón. Caída inesperada. Tropiezo. Pie escayolado. Tres semanas de baja. Liberado de volver a su casa. Full time en el trabajo.

No estaba solo

Había cuajado una faena completísima, callando a todos los que le acusaban en tertulias de tabernas de estar limitado en cuanto a variedad de pases, en cuanto a la facilidad con toros de poco trapio pero achantado cuando el animal no baja la cabeza ni humilla. La banda puso música de su tierra para amainar el viento que se había levantado en esa tarde de primavera. Y lo citó donde pocos lo hacen. En el centro del redondel iba a buscar lo que le faltaba para salir por donde los más grandes. Y el coso dijo aquí estoy. Silencio sepulcral para el último instante. Rabia en el estoque contenida y envuelta en la perfección de la búsqueda de la entrada certera. Todo a su favor. Todos con él contra su enemigo. Error en el último instante. Pinchó en hueso. La plaza contiene el grito de desaliento. Y sólo una voz infantil, inocente, ignorante, esperanzada, inútil, bellísima... "¡Bien!"

Viernes

Ese día precisamente supe que se llamaba así. Y que llevaba desde el dos mil tres en nuestro país. Hace dos meses le cortaron el contrato.¡A la calle! Y ahí trabaja para que el banco no le quite su casa. Se llama Viernes. Y nunca le falta una sonrisa y un saludo educado. Todos los días regala a mis oídos lo que mis paisanos, compañeros y viandantes han convertido por su ausencia en un lujo. Viernes me saluda todos los días mirándome a la cara y ofreciéndome su puño para que le corresponda. Un europeo y un africano saludándonos al estilo norteamericano. Friday vende pañuelos y baratijas. Suerte.

Desde el primer momento

Nos habían presentado en aquel garito con nombre estúpido de calle céntrica y decoración de los setenta, concretamente de películas de ciencia ficción de esa época del cine. Todo blanco. Camareros de colores. Desde el primer momento supe que me iba a caer mal, que me iba a causar problemas, que estaba ante la más sutil de las apariciones malignas paridas por un ser humano, que íbamos a acabar en la cama del lamentable hotel de decoración fetichista que está a la vuelta de la esquina de esa calle céntrica donde nos presentaron. No son los primeros que se preguntan ¿por qué? pues porque quería saber hasta donde llegaba esa belleza exterior, sí, esa tapadera superficial que alcanzaba la perfección visual entremezclando una gama de marrones y azules desérticos en la piel que me excitó desde el primer momento, esa fachada que escondía lo más violento y cruel que un ser humano puede mostrarse sin mediar palabra con el sencillo gesto de un saludo inofensivo.

(Me encerrarán por contarlo, Biblioteca Particular del Profesor Locovich)

Necesidades

- ¡Marinero! vaya usted a revisar la gancera, debe haber problemas en su sujeción, el panel de mando alerta de un bajo nivel de seguridad.
- Se refiere mi capitán ¿al herraje metálico donde se fija la botavara al mástil?
- ¿Dónde están los abogados de las multinacionales cuando se les necesita?