Cuando lo lejos está muy lejos y lo cerca muy cerca.
¿Dónde te metes tú?
O cómo decía La Unión ¿Dónde estabas cuándo te necesité?
Cuando lo lejos está muy lejos y lo cerca muy cerca, ahí, sin duda, la distancia es el olvido.
El callejón de los negros
Por lo visto..
Por lo visto poner este enlace será ilegal a partir del 1 de Marzo.
¡Qué me gusta un peligro!
Bájame
Bájame
El abismo
Nadie comprendió para que había ido allí. Todos con sus grandes problemas y servidor con su sufrimiento inexplicable, esa sensación de vacío que deja eco en el desarrollo de los pensamientos. Ellos con sus problemas tan analizados tan del color de la miseria humana pero servidor con su duda llevada al abismo no era nadie.
Al abismo....
Nadie podía explicarme esa sensación extraña que tuve al descubrir que el norte y el sur no se unían en el sitio que la piedra se encontraba con el océano, en aquel acantilado contra la fuerza del aire y espuma marina o en la misma ensenada de Cee.
De la Puerta Osario a la Puerta Real
La saeta recorrió el camino marcado. Nada de líneas rectas. Entre el flamenco y la gracia. Entre la punta y el culatín. Iba en busca de lo que quería, de lo que sentía en cada ocasión. Ya no habrá paredes encaladas que paren su voz. Se fue uno de esos personajes que están en vías de extinción.
Cosas del calendario (y XV)
el árbol al soberao y
los dineros acabaos.
Termina aquí esta serie intensiva de pensamientos. La vida sigue. Los blogs también.
Cosas del calendario (XIV)
Había descubierto el correo electrónico y decidió investigar por su cuenta. Al amparo del vacío legal y de la escasez de inspectores del ramo comenzó a urdir una trama de envíos masivos de powerpoints con los que empezó a ser temido entre la población. Y aún circula su leyenda entre los bits más chateadores de la red.
Cosas del calendario (XIII)
El dolor de cabeza se le fue extendiendo hasta que le llegó a la punta del dedo gordo del pie. Entonces fue cuando empezó a crecerle una uña que tras alcanzar varios metros comenzó a doblarse como la concha de un caracol. Cinco años después descubrió que los cuernos que remataban su cabeza nada tenían que ver con su mutación en molusco gasterópodo.
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