Sin rumbo

Por ejemplo, un hombre que al azar va recorriendo calles y siguiendo a los viandantes. No hace nada más. Sólo sigue sus vidas. A algunos los acompaña seis minutos hasta la pescadería y alí cambia de razón y comienza el rastreo de una joven hasta la universidad.
Es un buen comienzo para un corto pero le falta mucho para poder rematarse en un buen cuento. Se le sacaría provecho visual. Aquí estamos para otra cosa. Al cajón.
¿Un final?
A nuestro hombre le da un infarto mientras come un bocadillo en el cesped de la universidad.

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