Patrimonio humano

Parece que se le está dando al nazareno su puesto en las cofradías. El gran olvidado de nuestra Semana Santa. Hubo un tiempo que sólo se hablaba del primitivo nazareno sevillano, de sus hechuras y antigüedad, algo del juanmalino macareno y un poco del romántico terciopelo del de la Carretería. Y pare usted de contar. Se hablaba de cómo iba el nazareno, no de lo que era el nazareno. Somos elementos de usar y tirar, para volver a recoger en la siguiente cuaresma.
El nazareno es la medida del tiempo de paso de nuestras cofradías por carrera oficial. Con infladas nóminas para ganarle segundos a la entrada en Campana del paso de misterio. A pesar de eso, el nazareno es un número, para en carrera oficial ser contado de tres en tres o de cuatro en cuatro.

El nazareno es el hermano que siempre paga, su cuota y su papeleta. De eso podemos estar seguro. ¿Pero cuándo, qué y cómo pagan los hermanos músicos, los hermanos costaleros, los hermanos esto, los hermanos aquello, los hermanos seguridad con chaqueta y pinganillo en la oreja, etc.?
El nazareno es el que debe cumplir las normas ciegamente bajo la atenta mirada de los medios de comunicación que al primer descuido te sacan en una foto comprando churros en el postigo o del diputado de tramo que cuando llega a los servicios de la Catedral es el primero en apurar el cigarrito. Personalmente sería más duro con los nazarenos que no cumplen las normas de cualquier estación de penitencia. Hay que ser estrictos en todo. Y con todos, si, con todos. ¿Por qué un hermano costalero puede pasear por la calle de al lado con su novia y tomarse una cerveza en reunión con el resto del relevo mientras su hermandad realiza estación de penitencia? ¿Por qué los nazarenos deben mantener la compostura y los hermanos músicos no? ¿Y los llamados hermanos de seguridad? Estos de la seguridad se merecen un capítulo a parte. Me pregunto si todos los hermanos con sus medallas, pines y fotografías serigrafiadas en camisetas y costales, ¿se vuelven a casa por el camino más corto?
Después dicen las estadísticas que aunque el número de hermanos se estabiliza, el de nazarenos va decreciendo. Sólo en las que van incorporando mujeres se mantienen los números.
Hay mucho de que hablar, y se hablará, pero sirvan estas líneas para afirmar y confirmar el valor humano de las cofradías. Y de eso esta Semana Santa se ha escuchado mucho en los atriles de nuestras iglesias ante cientos de nazarenos :

Hermanos, la junta de gobierno ha
valorado los riesgos y piensa que no
puede poner en peligro el patrimonio
devocional y artístico de la cofradía pero
en especial, no podemos poner en peligro
nuestro patrimonio humano, vosotros, la
hermandad en la calle.

4 comentarios:

el aguaó dijo...

Creo que una Hermandad y una Cofradía la conforman todos sus hermanos, y si sales de Estación de Penitencia, como ambas palabras indican, tienes que cumplir una serie de normas que toda Hermandad tiene en su Libro de Reglas. Como bien dices, no todos la cumplen. Si quieres tomarte algo en un bar, comprar churros o descansar, paga la cuota, tu papeleta de sitio, coge tu medalla y vístete de calle, pues esos detalles están reñidos con la Penitencia. Estoy de acuerdo contigo amigo.

Un fuerte abrazo.

El callejón de los negros dijo...

Me inspiraron estas líneas las palabras que sonaron aquel primer martes santo que mi capa blanca y almidoná no cruzó la calle Oriente y se quedó aquel farol de cruz de guía apoyado en la trasera de la puerta.

Saludos.

el aguaó dijo...

Pues allí contigo estaba mi hermana querido Antonio, llorando a mares.

Un abrazo.

Fernando dijo...

anda que no, Antonio.