Los nombres que pisamos

A mi me gustan como se llaman las cosas más incluso que los propios objetos. La mayoría de los nombres de las cosas que ya no las llamamos así tienen nombres evocadores. Si además son el nombre de una calle, entonces, estamos hablando de algo que me toca la fibra sensible. Crecí viendo desde una de las ventanas de mi casa una calle sin forma que acabó llamándose Alcuza. Nunca sabré a quien agradecer ese detalle que la parte romántica de mí piensa que es que alguien conectó mentalmente conmigo y quiso ponerle así. Aún siendo por casualidad, gracias.

Cerca de allí, al otro lado del Campo de los Mártires, encontramos Lictores y Alerce. Me resultan hermosos en su sonoridad y me evocan historias fantásticas y dignas de haber sido vividas. Releo algunas páginas olvidadas y recuerdo que Lictores anteriormente se llamó Dormitorio de San Benito. Hay que estar muy loco para deleitarse con el nombre de una calle. Una calle no es sólo bonita por lo que enseña.

O nombres de calles como Arte de la Seda y Mendigorria en un desaparecido barrio intramuros donde han recuperado recientemente Compás de San Juan de Acre (barrio que llegó a tener hasta independencia jurídica). No lejos de allí tenemos a Hombre de Piedra, y yendo hacía el río, Curtidurías. En pleno centro de la ciudad Chapineros y Chicarreros que bien pudieran haberse quedado con sus nombres anteriores Arquillo de Chapineros y calle Vieja de la Ropa. Desde luego no caminaría por ellas sin mi espada en la mano y mi embozo cubriéndome el rostro.

Calles como Viejos o Pajaritos o Laguna de la Pajarería incitan a buscar su historia en cuanto te topas con ellas.

¿Por qué quitaron del mapa la calle Ombligo en pleno barrio del Peladero? Cercanas quedan la Alcaicería de la Loza, Alhóndiga y Caballerizas.

Y estas son pocas para mi larga lista, cada vez que descubro alguna nueva me enamoro de ella dejando a las otras de lado. En un momento determinado de mi vida, me encontré en un dilema, necesitaba un nombre. Tentado estuve de poner Peso de la Harina, reducida en la actualidad a simplemente Harinas pero que sigue conservando su encanto original en las ciudades de Jaén, Granada, Málaga y Carmona, incluso Enladrillada con la que mantuve largo romance. Sin embargo que mal amante debo ser que escogí el nombre de una calle gaditana para mi sitio en Internet.

6 comentarios:

Noviembre dijo...

vaya...
Fíjate que yo pensaba que podía ser la historia de una banda de jazz de los años 30. Imaginaba una calle sin salida, oscura y con una rejilla con un gran candado, que de cuando en cuando, se convertía en el lugar de ensayo de una banda de jazz de instrumentos relucientes.

El callejón de los negros dijo...

Aún siendo un nombre de calle de la que dicen es la ciudad más antigua de occidente... a mi me llegó por el nombre de un coro de carnaval que se llama así inspirado en el nombre de la calle y la presencia de esclavos cubanos en las calles de Cádiz.

Suerte.

Antonio

Candela dijo...

Pues mas claro no lo podias exp;icar, jajajaja. A mi guiri la calle que le gusta, es el Callejon del Pirata, o la calle piratas, le lleve a Cadiz casi a la vez que vimos la primera entrega de Piratas del Caribe y te puedes imaginar lo que supuso para el caminar por esas calles...

Antonio Aranda Colubi dijo...

Candela... Cádiz tiene muchos rincones de este tipo...
Besos

Candela. dijo...

Me lo dices o me lo cuentas, Antonio? soy de Cadiz, XD

Antonio Aranda Colubi dijo...

Ja ja ja ja te lo canto...
Paseaba apuraillo...

Besos
Antonio