La punta del iceberg

¿No os ha pasado nunca que la historia estaba hecha y de pronto se pierde? Se esfuma, desaparece sin dejar rastro. Con el trabajo que cuesta evadirse del ruido para seguir el hilo argumental que va llegando de ese talento oculto para hilvanar sucesos. ¡Perdona! ¿has dicho talento?¿quién te lo he dicho que has acabado creyéndotelo? De tu trabajo, continuo, de una creación de personajes, igual salidos de una nube en pleno sueño o de un atasco en la carretera. Has logrado evadirte, mostrar en pocas palabras una realidad a  la que sólo quedan poner señuelos para que tus lectores se acerquen sin mucho ruido. Lo tienes todo en tu cabeza hasta que en un suspiro te encuentras que nada anotaste, nada pintastes en las paredes de tu memoria, nada clavaste con los dedos aunque fuera una etiqueta en tu móvil. Escuchas ruido de cisternas. Nada te queda. Ni la punta del iceberg que se hunde irremediablemente en el fondo del ancho ponto.

Caminante.

El paso de oler las flores a comérmelas está siendo entretenido. Al principio el polen se agarra a la garganta pero con vino se supera...

El caminante parecía un andarín recién salido de la academia por su forma de poner un pie delante del otro, sin miramientos de ningún tipo, sin guardar para cuando haga falta, sin cargar bien la espalda, sin distribuir el peso, sin mover el cuerpo solidariamente, ahí iba el caminante, que era eso solamente, alguien que tenía un camino por delante.

El tiempo de la pena

De corazón, mi ciudad, mi país, mi civilización, mis raíces pesan cada vez menos. La sonrisa de mis hijos las tendría en cualquier sitio.

Y poco más nos contó antes de montarse en el avión. Era el último pasajero que subió las escaleras. Luego la azafata cerró la puerta con fuerza. Dentro esperaban su mujer y sus hijos. Las caras de tristeza no les permitieron verse por dentro realmente. Había un hilo de esperanza que aún desconocían y que al llegar al nuevo destino iban a ir descubriendo. El tiempo de la pena tenía las horas contadas. No venían de la penuria pero una apuesta en firme por la mejora, por la dignidad, le había llevado a apostar. Él que nunca había jugado ni a las quinielas.... El tiempo de la pena duraría lo que un vuelo a cualquier otra ciudad amurallada.

Alfred


Quizás sea bueno que empiece por la descripción de mi acompañante en este encierro forzoso. No quiero que se alarmen por lo de forzoso, cierto que es contra mi voluntad pero me tratan bien, menos la libertad de poder salir alguna vez fuera, a la calle, el resto está bien. Permitiría que el mismo se presentase y les introdujera en esta situación al menos curiosa que nos reúne pero mi amigo no puede hablar, no habla, no puede aunque  abre la boca enseñando sus dientes y su lengua muy roja. Impresiona pero hablar, no habla .  
No se si quiere, no mal interpreten mis palabras de él no conozco más que algunas cuestiones de carácter teórico, y son estas horas que llevo encerrado el único aval que podría aportar como experiencia con estos tipos de seres. Alfred es un mono de plástico con el que comparto celda. No habla pero si gesticula abriendo la boca y levantando los brazos paralelamente por encima de su cabeza y haciendo chocar dos platillos que lleva en cada mano. Lo hace todo a la vez.

* Ilustración de Martín Aranda Belloso.

Declaración de amor

En ocasiones te echo de menos y tu nombre, tus nombres por cada sitio que sopla el aire, no sabes como te añoro cuando no te rozo. Te amo calle, te amo.

El tumulto

En aquel tumulto no había quien se pusiera de acuerdo. Por eso era un tumulto. No se sabía si iba o venía. Lo que no faltaron fueron los clásicos opinantes (opinólogo no existe que lo he mirado en el diccionario) extremistas. Allí estaban. Uno con su "dejad que la bulla fluya, que ande sola" y el otro con el "¡vamos a morir todos!". Y desde su balcón, inadvertido para la masa, un señor gordo con tirantes y puro en ristre apoyado sin más dejaba entrever con una mueca su afilado colmillo de oro.

Mi cartel de feria II

Como los que elijan los carteles sean los mismos que toman decisiones sobre  donde deben parar los autobuses que van a la feria o sobre las fechas que toda la vida ha tenido la fiesta apañados vamos... por eso ahí va otra sugerencia.
De gratis.

No me digáis que no hubiera sido algo más llamativo, alegre, simpático, motivador que la muchacha tristona que nos han puesto en el cartel de las fiestas de primavera de este año...


Mi cartel de feria

Mi cartel es una foto. De mi puño y letra.
Así fue siempre la feria, añoro los días de montaje. En la feria como en casa, mi cartel para la feria. Esta vez sin mis herramientas habituales, las palabras, pero con mucho cariño y una cámara compacta.


Binarios

Hola verano, adiós invierno.
Abierto, cerrado.
Uno, cero.
Blanco, negro.
Arriba, abajo.
Somos totalmente binarios.

Tensa espera

Apretó los puños mientras los miraba fijamente. Con la uña se rascaba de manera imposible la palma de la mano y volvía a apretarlos. La mirada fija y obsesiva en aquellos nudillos cubiertos no era una buena señal para su oponente que como él esperaba la orden del árbitro para comenzar el combate. Un ruido ensordecedor rodeaba el mas absoluto de los silencios, circundaba un vacío sonoro. Estaba ante lo que muchos habían buscado durante siglos, la cuadratura del círculo era el propio ring.

Impulso.

Te asomaste a la calle para gritarle que no se fuera. Lo viste salir del portal despacio con las manos en los bolsillos. Te agarrabas a la barandilla con una fuerza inusual. Se paró en el semáforo aunque no venía ningún coche. Casi arrancas los gruesos tornillos que te aferraban a las paredes. Se puso en verde.  Tu grito no le llegó porque no salió de tu garganta. Era, ya, otra vez, sólo una sombra en tu cabeza.

Mi cartel de Semana Santa...


Mi cartel de Semana Santa.
(Microrelato de una frustración)
El nazareno de ruán negro con el de antifaz morado y capa blanca coinciden en el semáforo de una de esas avenidas que van a parar a la Ronda y que a vista de pájaro son como los siete puñales que aparecen clavados a un corazón en el escudo de Los Servitas. Hace mucho aire pero están tranquilos porque saben que no peligra su estación de penitencia, saben que no habrá problemas con la lluvia como en los últimos años. El sol está en lo más alto y luce el redondel un amarillo albero que envidiarían los más taurinos. Los dos nazarenos no se hablan. Cumplen las reglas de su hermandad pero no porque vengan en un boletín año tras año como recordatorio, ni porque así vengan recogidas simbólicamente entre portadas de plata en un libro al que este año acompañaran con varas cada uno con los suyos, con sus propios andares. Lo hacen porque así se lo enseñaron quienes en tiempos ya casi olvidados los llevaron por ese mismo camino. Los dos nazarenos cruzarán luego la calle y seguirán un rato andando juntos hasta el siguiente cruce donde ya sus destinos seguirán líneas separadas. Sin caer en la cuenta que sus pisadas andarán de nuevo superpuestas por la estrechez de la calle de las Sierpes o en las brumas de incienso que se acumulan entre las columnas de la Catedral. Todo eso, será después. Ahora, en el cartel que enmarca con cuatro dedos, dos de cada mano, el niño que se ha detenido separándose del resto de los amigos que marchan hacia el centro en busca de otro día de cofradías, se les ve juntos esperando poder avanzar. Un cartel sin pasos en la calle. Con coches y semáforos. Dos nazarenos camino de sus sueños. ¿No es eso también la Semana Santa? Para mi sí pero sólo tengo palabras... y con eso no hago un cartel.

Viviréis.

Era el mes de Mayo. Las dos de la tarde. La calor apretaba y tocaba ya hacer una parada para refrescarse. No quedaba agua en el búcaro. Ni había  nada que se le pareciera. Y si no se para para beber no se para que tiempo parado es tiempo perdido. Al caer la noche allí mismo se echaban. O se caían rendidos. Las mantas que hubieran podido traer del camión ya  lejos e inalcanzable o la propia tierra incluso a algunos les servía de fuente de calor. Casi que ya eran piedra, mimetizados con el paisaje. Algunos metían las manos en los bolsillos y masticaban granos de arroz mezclados con la propia tierra que movían. Sacaban la tierra a palazos para desplazarla varios metros donde la  dejaban para enterrarla de nuevo. Y los tres se acordaban de las frases del juez que les libró de la pena de muerte. Viviréis para veros morir. No queremos vuestro esfuerzo para construir. Viviréis para veros morir vosotros mismos. El sufrimiento llegaba ya a su fin. Y sin atisbos de arrepentimiento. Siempre era Mayo en Laguna Seca, en aquel desierto tenebroso.

 

La herencia

Algunos pensarán que vestirse de domingo para ir a un notario a dejar semejante herencia es exageración. Ahora le tocaba a él. Es lo que te llevarás, hijo, como primer descendiente, el resto ya verás como terminan con tanta hectárea, tanto apartamento, tanto fondo de inversión. Ya verás como terminan. No los envidies. Tú, en tu casa, con tu taladro que el abuelo me pasó también y que luego celebramos con una botella de sanpedrillo como en pocas horas repetiremos en nuestra casa, con un ligaillo magnífico que ha traído tu tía. Tu, yo y el berbiquí.

Me consume, Poe.

Entre dos aguas, entre dos realidades. Poe me tiene agotado. Me destroza en la búsqueda de la belleza. Casi no doy para más pero sigo insistiendo en revolver las almas de los atormentados. Preguntas sin eco, secas al golpear que desangran al hombre que nunca fui. Poe, cabronazo inmisericorde, me consumes y me enganchas hasta que de mi ya no queda nada y caigo derrumbado ante mi propia tumba. Allí mismo. Me consume, Poe.

Me llaman el buscador

Hoy he buscado palabras pero no he encontrado nada. Otro día estuve buscando aire y no encontré nada. Me llaman el buscador pero nunca encuentro nada. Cuando halle aquello que busco o llegue a mi lo que alguien dejó para que otro encontrara, entonces ya no me llamarán así ni tendré la consideración social que ahora disfruto. Sigo buscando pero el día que encuentre mi suerte cambiará. Encuentre lo que encuentre.

Esta noche, por una noche...

Esta noche, por una noche soy monárquico sin fisuras, y hasta por tres veces. Esta noche, y la tarde antes, buscando el cortejo que no debería perderse nadie, y para el que no necesitamos programas ni itinerarios ni ¿a qué hora sale?... sal a la calle y sigue la sonrisa de cualquier niño, ahí lo verás escrito todo. No tiene pérdida. Esta noche, por una noche, sentiré que hay mucho por hacer y que este es el camino, el de la ilusión. Y tendré que hacerlo bien, que ellos, mis niños, lo revisarán todo ¿dejaste la ventana entreabierta? ¿quitaste el sillón para que puedan moverse con soltura? ¿preparaste con ellos los avíos que le dejaréis para SSMM y ayudantes? Una copita de anís Los Hermanos les vendrá bien que se esperan temperaturas bajas, muy bajas para estas latitudes. 
Cuando mañana pase el terremoto iremos volviendo poco a poco a nuestros quehaceres y malhumores y sin duda, porque me pasa siempre, si no cargara las pilas mientras veo la cabalgata, llorando, riendo, soñando y absorbiendo  cada instante las apabullantes dosis de ilusión, imaginación, alegría que me entran por los poros cuando los miro, a ellos, a los otros, a los que van y a los que vienen, si no fuera por ellos todo sería más difícil. Sin duda.
Esta noche, por una noche...

Don't disturb! (¡No molesten!)

Cuando a alguien no le dejan leer la prensa tranquilo un domingo por la mañana se cabrea y es que lo normal, cabrearse. Anda leyendo el buen hombre la prensa, comparando titulares, con su cafelito y su media  de calentitos comprada en el negocio con más futuro del barrio cuando uno tras otro interrumpen su momento de analista político sobre lo que pasará con las elecciones en Cataluña, sobre si seguirá la maquinaría independentista o será Mas el Ibarretxe catalán, o ¡pero bueno señora! no se da cuenta que este hombre está leyendo la prensa y viene usted preguntando por el DVD de Lo mejor de Winnie de Pooh, y aprovechan que levanta la vista tres más, y el niño que no se decide entre palomitas con miel o el paquetito de chcuhes variado, a un euro todo, y así uno tras otro, los domingos vienen siempre los mismos a llevarse los mismos periódicos de siempre, les tira más el dominical y las revistas que traen, muchos se van al campo y quieren lecturas entretenidas, otros mientras puedan no quieren perder las costumbres, paseíto, desayuno, en fin, lo que van a leer ya se lo han contado sus hijos o lo vieron en los repasos a la prensa digital que dan en muchos programas de radio y televisión. Y también es costumbre en el barrio, molestar al quiosquero que  intenta disfrutar de las mañanas con su tablet donde con el dedo de pasar las hojas de los viejos diarios pasa de un periódico a otro, de aquí, de allí, de fuera, de dentro, de los suyos, de los otros, de los de nadie. Con el dedo de pasar las páginas de los viejos diarios ahora recorre todas las posibilidades que tiene Alonso de inundar las portadas del día siguiente, de lo pactos que pondrán sobre la mesa si en Cataluña pasa esto o pasa lo otro... y lo hace porque lleva un periodista dentro, y le gusta comparar, que enterarse de las noticias ya se enteró ayer y ya sabía que Ana, la periodista de La Sexta, ha pasado la noche en un calabozo por no querer entregar su cámara. No ve nada de eso en las portadas de la prensa escrita que intenta que la gente compre...

Brevario (XV)*


Amigo, si has empezado a preocuparte porque no falte azúcar, manteniendo siempre el mismo nivel en el azucarero y con la despensa provista de tres paquetes de reserva, si has llegado a ese nivel amigo, busca ayuda. Busca consejo profesional. Eso sí, no me vengas a buscar. Tengo que estar pendiente del salero.

* Brevario, es una palabra que viene de la unión de dos más conocidas, breve y relatario. La primera viene del latín (brevis) y la recoge oficialmente la Real Academia de la Lengua mientras que la segunda es invención del autor y la tengo recogida y dándole de mamar con lo que me queda de trovador de las almas perdidas...

Diez minutos al día en la máquina de café

Todos los días me desplazo treinta kilómetros, quince para ir y otros quince para volver. De lunes a viernes voy a una biblioteca pública de un pueblo cercano. Es pequeña, familiar y no tiene muchos libros pero realmente no suelo ir a leer ni a estudiar con material que allí pueda encontrar. Voy a conectarme con mi portátil a la wifi del edificio.
Hay tranquilidad y puedo concentrarme sin la soledad de mi casa. En la biblioteca puedo relajarme unos minutos mirando a los que entran y salen y compartir un café en la máquina con alguno de los que van allí. Estoy matriculado en un curso en el Instituto de Educación a Distancia de Andalucía, de inglés y todo el trabajo se desarrolla conectado a la red. Pronto tendré que empezar a practicar conversación para la parte oral del examen. Quizás pueda hablar con algunos de los hijos de emigrantes que vienen a estudiar a la biblioteca para que empecemos algunas rutinas de conversación. Son de países de Europa del este pero se desenvuelven con los idiomas mucho mejor que nosotros. ¿Y si dejo una nota en el tablón? Diez minutos al día en la máquina del café. Ten minutes a day in the coffee machine. Esto lo tengo que pensar pero creo que es una buena idea, en los foros he leído como se crean grupos de conversación. Tengo que preguntar su funcionamiento. Pensé también inscribirme en alguno pero esto implicaría cambiar algunos hábitos. Soy persona de costumbres y rutinas que para eso ¡soy técnico ajustador en una empresa de aeronáutica!, una de esas auxiliares que tanto nombran como motor de la economía en nuestra tierra, sí, en una de esas hay una hormiguita llamada Claudio López Meiras que de ajustar, colocar, medir, apretar, cortar sabe lo que quiera pero de inglés mal, muy mal. No quiero estancarme, quiero poder interpretar y leer planos, documentación. Crecer. Subir en la escala. La realidad es que es difícil subir cuando todo el mundo baja. Mucho es que aguante más años sin eres sin ertes… Por eso crecer para huir cuando sea necesario. Ya en su momento aprendí informática, procesador de texto, presentaciones practicando por mi cuenta. Podría aprovechar el tiempo de coche, la idea y la vuelta para escuchar textos descargados en mp3. Hacerse el oído o estos que son repetitivos con sus huecos para que lo diga el oyente. Tengo que preguntar en el curso. Seguro que hay gente que lo domina. La gente se mueve mucho y hablan con el profesor. pero realmente como hago las cosas me gusta y bueno tengo mis otras motivaciones. No se lo he contado pero vivo cerca de otra biblioteca, más grande, más luminosa, con salas diferenciadas pero no está ella, la bibliotecaria. Estoy enamorado y quiero pedirle salir. Ann is a student reading practice.