


















- ¿Pero tu quieres o no quieres entrar en astilleros?- me dijo mientras echábamos las cocacolas para completar los cubatas...
- Po no voy a querer, pero es que tengo poco pulso para las soldaduras y ya ves, canijo con poca fuerza para cargar barras de hierro.... - le contestaba mientras me imaginaba con ese mono azul de la compañía, mi máscara de soldar y comiéndome el bocadillo mientras reía con mis nuevos colegas en un descanso del tajo.
- Eso no importa, varios están como tú, lo importante es el grupo, que nos veamos con las familias también, crear un buen ambiente de trabajo, llevamos un rato hablando y la teoría te la sabes bien, y encajas con el nuevo giro que quiero darle a mi departamento en la empresa - seguía insistiendo el maestro metalúrgico.
- Por intentarlo, ¿no? si tu lo ves, ya sabes hasta donde puedo llegar, no me vayas a pedir que haga barcos con el casco y la cubierta en resinas plásticas reforzadas con fibra de vidrio...
- Con que te comprometas a venir al curro, no te pilla cerca de casa como al resto y eso puede mermar tu interés con el paso del tiempo.
- Hecho. Si se organiza como me cuentas no vas a tener problemas conmigo, eso sí te recuerdo que de hacer barcos con el casco y la cubierta en resinas plásticas reforzadas con fibra de vidrio nada de nada - y ya no me dejó hablar más, nos pedimos otro y nos unimos al grupo con el que veníamos, de donde una causalidad (no casualidad) nos había llevado a esa conversación tras recordarle que lo había visto en la plaza de Abastos en plena faena currante con sus antiguos compañeros...
"Es lo que el alma te pide cuando tienes un bajón y no sabes que darle y tienes cerca la tentación de buscar en lugares equivocados. Es una cura en y para todos los sentidos"
Decidió construir su propia ciudad, sus propias leyes, su propio mundo.
Quizás muchos pudieron pensar que un cubo y un rastrillo de jugar en la playa era un comienzo con alta dosis de ingenuidad pero desde un sillón de la Gran Vía madrileña en un envidiable ático con vistas al cielo mientras acaricia aquellos juguetes bajo el tapizado con la otra mano que no es la que firma contratos con los ministerios, hay quien no pensó lo mismo.
Uno.-
Creía saberlo todo sobre la zygaena trifolii y no por ello dejaba de ser feliz.
Siguiendo una iniciativa de La radio de los blogueros, aquí está mi aportación a esta manifestación de finales.

Corre, vuela, venga muchacho, esta vez seguro que lo consigues, venga no te rindas, quítate todo de la cabeza, piensa sólo en correr, en ir más deprisa, acelera, tienes que aumentar el ritmo, al final está la victoria, y esa es para uno sólo, es para ti, muchacho corre, bien, bien, queda menos, bien, no mires para atrás, bien, así está bien, ese esa es la cadencia, el espíritu del invencible, del guerrero tribal, ese es mi chico, vamos, saliste bien, hay que acabar mejor, ser el primero, del resto no se acuerda nadie...
La última vez que me quedé encerrado, décadas después,
fue porque necesitaba sellos para Palma.

A veces pienso que estar contigo me da vida. Vida envuelta en tu amor. Propongo un viaje. Quizá el amor no sea más que un invento del cine. A los setenta años pocas cosas te quedan ya por hacer. Salió de la sala y se metió en un bar de esos donde las cosas del sexo pueden parecer más fáciles. La literatura era su vida...días enteros escribiendo. Siempre quiso hacer un viaje de cine. No sólo literatura necesita nuestra vida para curar las heridas que produce su andadura. Durante mi vida tuve mucho amor, aunque preferí el sexo. Su sexo.
La alegría de encontrar en un pantalón -que ya ni se acordaba que tenía- veintitrés euros con cincuenta y cinco céntimos le produjo tal revuelo en su vida que desde entonces no pierde la sonrisa, no tiene un mal gesto con nadie y tiene el cuerpo inflado de esperanza.
Pensó, ¿qué haré ahora con estos veintitrés euros con cincuenta centimos? Fue a dar un paseo y se encontró a una mujer pidiendo ante la puerta de una Iglesia con su niño en brazos, le dió la mitad de su dinero y con el resto hizo la compra del día.Esteban (por otro medio) también nos dejó su final...
Presentimiento de que cualquier día puede ser especial. Bastó una mirada a los dos billetes y el puñado de monedas para recordar… era el cambio que devolvió el camarero del restaurante de aquella primera cita con la que tiempo después llegó a ser su esposa. Por cierto no dejó propina.
Pan, algún embutido. Poca cosa. No quería gastarlo todo porque había tenido una idea: darse una vuelta por la ciudad en autobús. Llegó a la parada. Esperó. Eligió al azar una línea cualquiera y, al subir, al pedir su billete al conductor, se dio cuenta de que acababa de enamorarse.
Veinte paquetitos de tres euros cincuenta, reliados en papel de periodico para ser canjeados en el primer banco por flamantes billetes, ¡como lo pudo olvidar con lo que le pesaban los bolsillos! los emplearía en comprarse una tonelada de rabillos de pasas para la memoria, que estaba gastándole malas pasadas.
... compraría un par de piñatas [jo! con lo que me gustan! ya las estoy viendo!] y las llenaría de chuches y juguetitos [probablemente tendría que echarle algo más de dinero, pero no me importa], las colgaría en el patio de mi casa, llamaría a mis 4 sobrinos ... y a disparar fotos!
Al salir de casa y meter las llaves en el bolsillo sintió el tacto del dinero olvidado, le dio un vuelco el estómago, no era de angustia, por fin.
Saco la mano, contó el dinero, 23,55. Pensó: no está mal, no es un capital pero para un homenaje me da.
Porque es tan soñador que cree a pie juntillas que algo tan bueno le pasará dos veces...
El recuerdo se hizo presente, la rabia del pasado se convirtió en perspectiva,
sumó unos euros para poder completar el billete de tren de vuelta y reafirmarse
en que todo había sucedido como ella había pronosticado.
Acababa de llegar a su casa un sábado por la noche. Había gastado todo lo que llevaba en copas para él y sus amigos (o eso pensaba). El bolsillo le pesaba, pero calculaba sólo unos pocos euros en mucho cobre. Se acostó, y mientras le decía al armario que no se moviera, contaba las monedas, 20, 21, 22, 23 con 40, 45, 50 céntimos. y el billete? dónde está? Sólo había monedas. Al menos había algo.
El HumilladeroSu sonrisa le llego fresca como si delante de él estuviese todavía ,el tiempo parecía transcurrir lentamente desde hace tanto meses.
...Nos da tiempo de otro café aun no llaman para abordar el avión
Un año pasa muy rápido cuando el invierno entre crujiendo sus pasos en el otoño regresaré...
Luz de gas.Hoy es mi día de suerte pensó al meterse la mano en el bolsillo de la vieja sahariana y encontrar aquella fortuna. Salió dispuesto a gastarlo en un antojo, paró su Vespa en el semáforo, un moreno se le acercó diciendo: ¡Amigo!
44º a la sombra.
Tomate algo fresquito paisa...
Pantera blancaSalió raudo y veloz hasta la calle y caminó entre las tiendas acariciando las monedas con las yemas de los dedos, nada le atraía lo suficiente como para invertir en ello su tesoro. Siguió caminando hasta el acantilado, el aire lo empujaba hacia atrás pero la fuerza le hacía continuar adelante. Era la mar.
Thiago.Ése era justo el dinero que le faltaba para comprarle a su novia el anillo de compromiso que le gustaba. Eso, sin duda, no podía ser otra cosa que un buen augurio
UveNo era por el dinero en sí, su alegría era porque nunca había encontrado nada antes en su vida...
Salió a la calle y se gastó 3 euros con cincuenta céntimos en gominolas, chocolate y un refresco, lo demás lo guardó. Ahora tenía 20 euros para vivir un poco más...Fauve.
.Té
Nunca había confiado en las compañías de bajo coste, pero entendió que era una señal del destino y compró el billete de ida a Londres. Decidió conocerla y al llegar supo que la había encontrado. Era ella. La mujer de su vida.
Cada mañana buscaba entre su ropa vieja, camisas prehistóricas, chaquetas imposibles. Revisaba bolsillos y pliegues. No podía fallar. Siempre encontraba la misma cantidad: veintitrés euros con cincuenta céntimos. En algún lugar, un hada de la fortuna se arrepentía terriblemente por haber empezado esta cadena viciosa de dependencia disfrazada de ilusión.